Ago 14 2010

José Luis Carranza

“TINTAS”
CARPETA DE DIBUJOS

Sobre el dibujo dentro de mi obra

El dibujo siempre fue un instrumento de conocimiento, y como es natural, por medio de él muchas veces he decodificado cosas incomprensibles para mí, es lo cotidiano de la disección por medio del trazo a lápiz, cercenar la naturaleza y separar sus componentes en el papel solo para saciar la gula de conocimiento durante el aprendizaje visual.
Toda lección, en el curso de la existencia, es retenida por la mente si es repetida innumerables veces por la mano u otras extensiones motoras del cuerpo, en el dibujo el método no cambia, como si se fuera un mono de feria, se repite la lección de la naturaleza raya a raya.
El dibujo desmitifica, aproxima, reconcilia y hasta cobija. Su labor no cesa durante la duración de la vida y para los que hablamos con imágenes es una herramienta vital.
Y el ciclo se repite una vez más: ritmos antiguos que guían nuestro pulso. El dibujo se nos ofreció como lenguaje desde la remota infancia, y siempre fue así. Un oscuro lenguaje que aparecía frente a nosotros como una promesa de evasión resumida en la punta filuda y negra de un lápiz.
Los recuerdos infantiles se confunden con los surcos negros del marcador y las filudas siluetas que van apareciendo en el papel, el universo tiránico que solo un niño puede ofrecer se convierte en el jardín de la infancia perfecto.
Ahora, el dibujo no ha perdido su importancia dentro de mis procesos creativos y mis tintas no escapan de su labor decodificadora de la existencia, y como en mi infancia, también se me ofrecen como posibilidades paralelas a la misma vida.

José Luis Carranza.

Lima, invierno del 2010.


Ago 14 2010


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